Una Mente Católica busca audazmente la verdad

Una Mente Católica es una mente que busca ver las cosas como son. Es una mente que capta la esencia de una cosa, o una situación, o una persona. O una ciencia, o un país, o una forma artística.

Rascar la superficie no significa rascar la esencia de lo que realmente es una Mente Católica. No se contiene con lo superficial, ni descansa sobre lo superfluo. Es una mente con pasión — un auténtico placer — en saber todo sobre la creación y su Creador.

No tienes que ser Católico para tener una Mente Católica. Todos los seres humanos, por naturaleza, como mencionó Aristóteles, desean saber. Una Mente Católica es aquella que audazmente formula grandes preguntas: ¿Quién soy y a dónde voy? ¿Por qué existe el mal? ¿Qué hay después de esta vida? Y una Mente Católica no tiene miedo a las respuestas.

Ésta es la ventaja de una Mente Católica más allá de una mente moderna: una Mente Católica se permite estar informado de la revelación de Dios al hombre, es decir, de toda la realidad, “de todo lo visible y lo invisible,” como los Católicos dicen en el Credo de Nicea. Ya que la realidad está más allá de lo que vemos a simple simple a la vista o de aquello que cabe a través de una probeta; todo está al alcance para alguien con una Mente Católica.

Esta visión tan amplia de lo que es, tiene un profundo impacto en la vida intelectual y académica de nuestros estudiantes, docentes, y de la administración. Poseer una Mente Católica equipa a nuestros graduados con la creatividad, disciplina, profundidad, y confianza de poder resolver problemas difíciles; con el coraje de vivir una vida virtuosa; y, con la determinación de estar realmente al servicio de Dios y de la sociedad.